Un Accidente y el Poder del Santo Rosario

Hoy les comparto algo delicado. Imágenes y video del accidente de mi esposo y mi adolescente. Gracias por respetar la sensibilidad de esta publicación.

 

El miércoles 17 de junio, a las 6:20 de la tarde, mientras todos se preparaban para la anunciada tormenta con amenaza de tornados, Daniel papá y Daniel hijo eran impactados por un vehículo que no se detuvo ante una señal de alto.

 

A esa hora yo estaba en la casa con los otros niños, terminando de rezar el Rosario en el que pedíamos a Dios que nos mantuviera seguros durante la tormenta, y que Danny y Daniel llegaran sanos y salvos.

 

Estaban a solo 5 minutos de la casa cuando ocurrió el accidente. Daniel fue el más lastimado porque se golpeó la cabeza contra la ventana y el impacto fue del lado del conductor. Gracias a Dios, Danny, que en el video se ve cómo su cuerpo se sacude fuertemente por el choque lateral, no resultó tan lastimado.*

 

Daniel papá fue transportado en ambulancia al hospital donde lo evaluaron. Afortunadamente no había fracturas ni heridas internas, pero las vértebras del cuello estaban comprometidas. Las siguientes 48 horas serían muy dolorosas.

 

Nosotros acostumbramos rezar el Rosario en familia todas las noches, a veces demasiado tarde, debo admitir. Pero esta vez era crucial hacerlo temprano, ante la posibilidad de una emergencia climática como la que habían estado anunciando a lo largo del día. Y hoy era una prioridad hacerlo a esta hora, especialmente porque no habían llegado todos a casa.

 

Poco sabíamos que nuestro Rosario por Daniel y Danny sería tan necesario a las 6:20 de la tarde (la hora en que terminamos de rezarlo) para que Dios los protegiera de lesiones severas ante semejante impacto.

 

Nuestro otro vehículo estaba en el taller desde el lunes, ya que había tenido problemas mecánicos en nuestro último viaje. Cuando Danny me llamó para avisarme del accidente, no tenía forma de ir con ellos. Me sentía totalmente impotente. Nuestro hijo no podía ir en la ambulancia con su papá, y tampoco podían dejar a un menor de edad en el lugar del choque.

 

Gracias a Dios, pude contactar a una gran persona, mamá de quienes habían sido muy buenos amigos de Danny en preescolar, quien generosamente se puso en camino de inmediato para recogerlo y traerlo a casa.

 

Daniel tuvo que pasar varias horas solo en el hospital, entre análisis, rayos-X y escaneos, con la preocupación de que nosotros estaríamos sin él en casa durante la tormenta, y con el temor de que algún tornado llegara a formarse.

 

Pero Dios cuidó también de nosotros. A pesar de estar en el trayecto de las nubes y las fuertes ráfagas de viento en los radares, apenas vimos pasar algo de lluvia y relámpagos. Pronto la amenaza de tornados desapareció, las sirenas nunca sonaron.

 

(La historia fue muy diferente en otras áreas, donde sí se formaron tornados, y cayeron árboles que obstruyeron calles y dañaron viviendas).

 

Cerca de la medianoche llegó Daniel a casa con ayuda de su hermano. Los niños lo abrazaron como nunca, aunque con mucho cuidado para no lastimarlo. Todo el lado izquierdo de su cuerpo estaba adolorido y amoratado, se movía con dificultad, ¡pero estaba en casa, sano y salvo! Y nosotros estábamos bien.

 

Si existiera la imagen perfecta de la felicidad y la gratitud, sería esa euforia de los niños y ese abrazo conjunto que recibió Daniel al llegar a casa.

 

Yo tengo la certeza de que estas son gracias recibidas por el rezo del santo Rosario.

 

Es la bendita constancia de esa oración que hacemos de forma tan imperfecta, en una familia tan imperfecta, con una fe que nos hace mucha falta madurar, pero que a pesar de todo, nos alcanza promesas sobrenaturales en la infinita misericordia y fidelidad de Dios.

 

¡Gracias Señor por tanto y tanto que nos das, por intercesión de tu Santísima Madre!

 

(Nota: el otro conductor, una joven madre que viajaba con sus niños pequeños, también están bien ¡gracias a Dios! Los dos carros fueron pérdidas totales).

 

*Durante la producción de este escrito, Danny parecía no presentar ninguna lesión, sin embargo su pediatra, que lo revisó unos días después, nos informó que tenía un esguince lumbar agudo.

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